Ilustración 1. Diferentes impactos que produce la ganadería extensiva. Fuente: Climatecolab
Ilustración 2. Granja de ganado vacuno en el Amazonas. Fuente: Greenpeace.

Buenos días ciudadanas,

En la actualidad, tenemos muy arraigado el tema de la alimentación equilibrada. Las dietas invaden nuestras vidas junto con los gimnasios y con la necesidad de proteínas, muchos acuden a la carne o al pescado para obtenerlo. Y es que, si eres omnívoro ¿a quién no le apetece un buen chuletón o una lubinita?

Por otro lado, hay gente vegetariana, vegana, ovolactovegetariano, pecevegetariano, frugívoros, celíacos, etc. Gente que por diferentes razones, restringe su alimentación a un tipo de alimentos: unos porque no comulgan con las condiciones de vida de los animales de los que se extrae la carne o huevos, otros simplemente porque lo suponen más sano, etc.

Pues bien, yo no soy vegetariano pero sí concienciado con el cambio climático y vengo a daros algunas buenas razones ambientales por las que dejar de comer carne o por lo menos, reducir su ingesta lo más posible, siempre y cuando podáis garantizar que lleváis una dieta equilibrada y consumáis proteínas por otros medios.

1. El sector ganadero consume una enorme cantidad de agua

Para aquellos concienciados con ahorrar agua, que cierran el grifo rápidamente, se duchan en lo que dura una canción, etc. Quizás os interesará saber que la huella hídrica*1 de un español es de 2461000 litros de agua por año, según un estudio del 2011. Esa huella, no sólo tiene en cuenta el consumo directo, sino también indirecto, como el agua que se utiliza para producir los alimentos que consumimos, entre ellos, la carne. Pues bien, producir una sola hamburguesa de un cuarto de libra (113 gr) consume en torno a 1695 litros de agua, dependiendo de dónde se fabrique, según la ONU.

*1 Huella hídrica: Indicador del uso de agua dulce que hace referencia tanto al uso directo del agua de un consumidor o productor, como a su uso indirecto [Ej., uso directo, agua utilizada para ducharnos. Ej., uso indirecto., agua utilizada para producir lo que comemos o la ropa que vestimos].

2. El sector ganadero ocupa una gran cantidad de terreno

Ilustración 3. Viñeta del Instituto Peabiru denunciando la deforestación que causa el ganado en la Amazonia. Fuente: Instituto Peabiru

El ganado necesita gran cantidad de terreno donde vivir y pastar. Este terreno en las mejores ocasiones, simplemente está quitando terreno a cultivos que podrían servir para alimentarnos. Sin embargo, la especulación hace que, al igual que ocurre con los “superalimentos” de los que hablábamos en anteriores post, se talen superficies de bosques, mayoritariamente en la amazonia (uno de los mayores fijadores de CO2 del planeta) para instalar el ganado. Aquí ya no sólo hablamos del terreno que no tenemos para cultivar, sino que estamos retirando sumideros de carbono (los árboles retiran CO2 de la atmósfera) que además de dejar de absorber CO2, éste se libera al descomponerse la madera. Por otro lado, el ganado produce gases de efecto invernadero (GEI), como veremos más adelante. Un análisis de datos nacionales de 46 países tropicales y subtropicales que representan en torno al 78% de la superficie forestal de estas regiones revela que la agricultura intensiva (principalmente la cría de ganado y el cultivo de soja y palma) es la principal causante de la deforestación, representando el 40%. (“The State of the World’s Forest 2020, FAO).

3. ¿Sabéis cuál son uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo? ¿Son los coches? ¿Los aviones? NO!

Ilustración 4. Comparación de las emisiones globales del ganado con el sector transporte.

El ganado es la primera fuente agrícola de gases de efecto invernadero y representa del 14,5% de las emisiones de GEI. Cada año, una sola vaca puede expulsar en torno a 100 kg de metano, un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global*2 28 veces mayor que el CO2.

*2 Potencial de calentamiento global: medida en la que un gas de efecto invernadero determinado contribuye al calentamiento global. Cada uno de los gases de efecto invernadero afecta a la atmósfera en distinto grado y permanece allí durante un periodo de tiempo diferente.

Aunque el problema es enorme y está claro que tenemos que reducir nuestro consumo de carne, estos niveles de emisión de metano pueden mejorarse mediante la alimentación de las vacas:

Ermias Kebreab, coautor de éste artículo, indica que han hecho ensayos que muestran que hay hasta un 60% de reducción en las emisiones de metano usando un 1% de algas en la dieta. Además, las algas no hacen que la leche sepa mal.

Otro de los contaminantes más relevantes en la ganadería es la emisión de amoniaco a la atmósfera. Según el Ministerio de Transición Ecológica (MITECO) “el amoniaco es un gas contaminante que, si bien no es un GEI, sí tiene efectos perjudiciales sobre el suelo y el agua y cuyas emisiones proceden, de forma mayoritaria de los purines procedentes del ganado porcino y de la fertilización a base de nitrógeno ureico o amónico de los suelos agrícolas. Además, experimenta oxidaciones que dan lugar a emisiones de N2O de tipo indirecto, éste sí es un gas de efecto invernadero.”

Además de estas emisiones directas, hay que sumar a las emisiones indirectas provenientes del consumo de energía de las instalaciones donde se encuentra el ganado.

A continuación se muestran unos gráficos obtenidos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), donde se muestran las emisiones de los diferentes productos de carne:

Ilustración 5. Una manera de comparar el desempeño de diferentes productos es expresar las emisiones por kilo de proteína kg de CO2 / kg proteína. Fuente: FAO.
Ilustración 6. Contribución relativa de las principales fuentes de emisiones de las cadenas de producción ganadera. Fuente: FAO

Estas emisiones pueden ser reducidas (mitigadas) hasta unos límites mediante diferentes procesos. El Modelo de Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundial (GLEAM) analiza el potencial de mitigación basándose en las diferencias en la intensidad de las emisiones a nivel global, regional y entre los distintos sistemas de producción y regiones agroecológicas. La estimación del potencial de mitigación es de un 33% respecto al escenario basal (respecto a las emisiones que tendríamos sin realizar ninguna acción). Este cálculo se basa en asumir que los productores de un sistema, región y zona agroecológica concretos aplican las prácticas del 10% de los productores con la menor intensidad de emisiones, manteniendo constante la producción.

Ilustración 7. Potencial de mitigación global del sector ganadero. La estimación del potencial de mitigación excluye cambios de un sistema de producción a otro y asume una producción agregada constante. Fuente: FAO

Después de saber todo esto, ¿Qué podemos hacer?

Como habéis podido ver, el consumo de carne tiene unos impactos medioambientales que tenemos que considerar cada vez que vamos al supermercado y compramos un chuletón. Existen muchas opciones, desde hacerte vegetariano y cortar por lo sano, o si no quieres dejar de comerla puedes recortar reduciendo el número de días a la semana en los que comerla (Yo sigo este método). Ya hay iniciativas como #Lunessincarne. Por otro lado, puedes recurrir a carne ecológica para reducir el impacto ambiental, que además certifica que los animales no están alimentados con piensos con antibióticos, hormonas o fármacos. Su impacto es menor y favorece el consumo de granjas locales. Mucha gente dice que no se puede dejar de comer carne porque es de dónde obtenemos las proteínas, sin embargo, podemos obtenerlas de otros alimentos, como las legumbres, los lácteos, los frutos secos o los huevos.

Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2015, que comer carne (especialmente roja procesada) incrementa tus riesgos de contraer cáncer, obesidad o diabetes. La reducción del consumo de carne reduce los niveles de colesterol y azúcar en sangre, reduciendo el riesgo cardiovascular, según el doctor Steven Masley, nutricionista.

Espero que os haya gustado el post y después de toda esta información y consejos, reflexionad y escoged la opción que más os apetezca. Si os animáis, podéis comentarme aquí o en redes cómo intentáis reducir el impacto de la carne en el mundo, entre todos podemos luchar contra la destrucción del medio ambiente y contra el cambio climático.

Un saludo ciudadanas

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