Fuente. Twitter Greenpeace USA

A comienzos de este mes de junio se ha hecho público el anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados al que todos tenemos acceso a través de la página web del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Esta nueva legislación incorpora al ordenamiento jurídico español la Directiva (UE) 2018/851 sobre residuos y la Directiva (UE) 2019/904 sobre impacto de determinados productos de plástico. Sustituirá asimismo a la Ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados hasta ahora vigente.

A primera vista, como parte de la apuesta europea para disminuir el impacto de los residuos, que afectan especialmente en el medio marino, en la Ley se recogen una serie de medidas que suponen un avance en la lucha frente a la generación de residuos y en su forma de gestión. Pero también hay algunas medidas que podrían ser mejorables para el beneficio de todos. De todo ello vamos a hablar en este post.

La nueva legislación sobre residuos y suelos contaminados, en adelante Ley RSC supone, en muchos aspectos, un avance con respecto de toda la anterior normativa. A cada paso que damos en la regulación, aunque no siempre a la velocidad que marcan los tiempos y las nuevas formas de consumo, se van adaptando las formas de considerar los residuos y se tiene una visión más cíclica del proceso por el cual un producto nace y acaba siendo considerado como residuo. Si bien en España nos seguimos basando principalmente en la última fase, la de vertedero, es un imperativo hacer que el menor número de kilos posibles lleguen a esta última fase, mediante la prevención y la reducción. Uno de los principales avances de esta nueva ley es el abordaje del problema de los plásticos, que ya vislumbramos con el RD 293/2018 para la Reducción de las bolsas de un solo uso.

A los plásticos se dedica un título entero y como parte de la estrategia europea se señala la economía circular para mejorar la trazabilidad de todos estos materiales y su reducción mediante el uso eficiente de los recursos. A partir de 2023 todos los productos de plástico de un solo uso, tales como vasos para bebidas con sus tapas y tapones, deberán cobrarse de forma individual y ser diferenciados en el ticket de venta. Aquellos productos que sean considerados como parte de la basura dispersa en el medio se podrán incluir como plásticos de un solo uso y ser tratados como tales por la legislación.

La ley incluye la prohibición de venta a partir de julio de 2021 de algunos productos de plástico como los bastoncillos para los oídos, los cubiertos de plástico, platos y pajitas que no sean de uso sanitario. Además, todos aquellos excedentes no vendidos de productos no perecederos como textiles, juguetes o aparatos eléctricos no podrán ser destruidos.

Merecen mención especial los plásticos oxodegradables. Este tipo de materiales incluyen aditivos los cuales, mediante oxidación, provocan la fragmentación del material plástico en microfragmentos o su descomposición química. Estos plásticos en un principio parecían una solución al problema de la permanencia de este material en el medio, ya que su composición permitía que se degradasen más rápido, pero este factor no soluciona el problema, porque que se sabe que tras su descomposición los microplásticos permanecen en el medio y se acumulan de igual forma en las cadenas tróficas. Es por esta razón que a partir del año 2021 la Ley RSC establece que no podrán comercializarse.

Por otro lado, aquellos productos cosméticos que contengan microplásticos añadidos de forma intencionada también estarán prohibidos a partir del próximo año.

Todas estas medidas son una clara apuesta por atacar el problema del mal uso de ciertos productos como los cubiertos desechables o los bastoncillos, que acaban atascando todos los sistemas de depuración de aguas residuales o las prácticas poco sostenibles en cosmética.

Algo que echamos en falta en la ley es una apuesta real por reducir lo que se denomina como “basura dispersa”. En el informe “Global Brand Audit Report 2019” de la organización Break Free From Plastic del año 2019 se señalan como principales componentes de la basura dispersa, recolectada a lo largo de más de cincuenta países de todo el mundo, las bolsas de plástico de un solo uso, los sobres monodosis y las botellas de plástico.  Las bolsas de plástico de un solo uso han comenzado a cobrarse con la finalidad de reducir su uso, esperaremos a ver cuál es el resultado de este tipo de medida, pero nada se dice acerca de los sobres monodosis, especialmente perjudiciales porque no los retiene ningún trommel en las plantas de tratamiento y siempre acaban en el vertedero. Este tipo de envases, junto con otros plásticos que no son detectables a primera vista pero que están presentes y conforman una gran cantidad de residuos, como son los plásticos de los tetrabrick, no se recogen en la nueva legislación a pesar de que su tratamiento es el más complejo de todos.

Fuente. Global Brand Audit Report 2019 #Breakfreefromplastic

Todos hemos podido encontrar un ejemplo de botella abandonada en cualquiera de nuestros paseos. La nueva ley exige que a partir del año 2025 las botellas de plástico contengan, al menos, un 25% de plástico reciclado y a partir de 2030 un 30%. A pesar de que la idea de que el reciclaje es la mejor manera de combatir la contaminación por plásticos está muy extendida, la realidad es que:

  • Cerca del 90% de los residuos plásticos no se pueden reciclar y acaba en vertederos, incineradoras o libre en el medio ambiente.
  • Los esfuerzos de las empresas, en lugar de ir hacia un nuevo modelo de envasado reutilizable, van hacia el uso cada vez mayor de plástico al que llaman “reciclable”.
  • Los sistemas de reciclaje fallan a la hora de recuperar el suficiente material como para que se deje de demandar plástico virgen para los envases. Lo que se recicla es muchísimo menos de lo que se necesita para hacer nuevos envases.

Los envases de plástico que nos venden como “reciclables” no son envases que necesariamente vayan a ser reciclados, ya que la gran mayoría jamás llegarán a la cadena de reciclaje. Esto es debido a los fallos en el sistema, como la contaminación por otros materiales de la fracción resto que hace que separarlos sea muy caro.

El reciclaje de todo el material de plástico que ya está en circulación debe de ser parte de la solución, pero debe acompañarse con un cambio en el modelo de envasado que nos permita comprar los productos en envases reutilizables y retornables

En el flujo de la generación de residuos los consumidores tenemos una responsabilidad individual que va ligada a la reducción del uso de este tipo de envases y a su correcta eliminación. Pero no dejamos de ser el último eslabón de una cadena en la que no tenemos alternativas reales y accesibles para consumir con una cantidad reducida de envases. Cada vez es menos frecuente encontrar en nuestras tiendas y supermercados productos a granel. Este tipo de venta está quedando relegada a establecimientos especializados que no siempre son accesibles para todos los consumidores. No deberíamos tampoco dejarnos engañar por las nuevas modas de venta a granel de ciertos productos que, en calidades intermedias, nos siguen vendiendo envueltas en plástico. Esto no responde más que a una estrategia de mercado dentro de la moda de los productos eco y no a una apuesta real por parte de las grandes cadenas para reducir sus productos envasados. No deberíamos dejar en manos del marketing lo que debería estar regulado para asegurar un uso eficiente de los recursos.

La consecuencia directa de que todos los productos vengan envasados o sobreenvasados con plásticos es que este material copa las bolsas de basura de cada hogar y como extensión, el medio que nos rodea.

Para poder abordar el problema del diseño y comercialización de productos envasados en materiales plásticos se crea en Europa la figura de la “Responsabilidad ampliada del productor”, instrumento por el cual los productores, envasadores, distribuidores, etc., están obligados a realizar ciertas acciones con respecto de los productos, como por ejemplo la de la información sobre la cantidad de producto que ponen en el mercado y que podría convertirse en residuo. La Ley RSC contempla esta figura, obligando a los productores a cumplir con una serie de requisitos de información para asegurar que gestionan los productos desde el nacimiento hasta la eliminación. Pero se reserva un artículo, el 10.4, por el cual todas aquellas informaciones que puedan entrar en conflicto con los intereses comerciales no serán puestas en conocimiento del público. Hecha la ley, hecha la trampa. Debido a esto los usuarios y otras organizaciones centradas en la visibilización del problema de los plásticos no podemos acceder a una información que resulta vital para señalar aquellos productores que no están cumpliendo con sus obligaciones. En el artículo “Acceso a la información y participación en el Anteproyecto de Ley de Residuos” del blog Productor de Sostenibilidad, Alberto Vizcaíno explica detalladamente en qué consiste esta medida de la nueva Ley y cuáles son las implicaciones que para todos tiene.

El proyecto de Ley se encuentra hasta el día 3 de julio en fase de información pública y en la propia página del Ministerio se puede acceder al procedimiento para hacer alegaciones sobre la misma. Aún estamos a tiempo de pedir a los redactores de la próxima ley sobre residuos, normativa que será de enorme importancia en los años venideros, que apuesten por la transparencia y seamos un país puntero en responsabilidad ambiental.

Espero que os haya gustado este post, hoy ha estado a los mandos Inma González Burguillo, @inma_burguillo en Instagram y @_Nihma en twitter. Ambientóloga y politóloga en proceso, gran compañera y mejor persona. Esperemos verla por aquí más a menudo.

Un saludo ciudadanas

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