Buenos días ciudadanas

En la antigüedad, cuando se pensaba que la Tierra era plana, se pensaba que las zonas gélidas del norte, eran el fin del mundo, que cuando se llegaba allí habría un gran abismo. Se descubrió que eso no era así y que la Tierra no era plana, sino que tenía esferoide.

Pues bien, en un lugar de ese fin del mundo, es donde se decidió con buen criterio en su día, albergar muestras de semillas cultivadas alguna vez por los humanos, en previsión de que por una u otra causa, el cambio climático, una pandemia, etc., hiciera que esas especies de plantas desaparecieran. El objetivo de tener una reserva para una posible reposición de esos cultivos en otras zonas. Ese lugar, es la Cúpula del Fin del Mundo.

Ilustración 1. Entrada a la cúpula del fin del mundo (Svalbard) en invierno. Fuente: El Periódico.

Es básicamente un banco genético de semillas, al igual que los muchos que existen en el resto del planeta, que guarda muestras de todos los rincones del planeta que representan más de 10.000 años de la historia agrícola (más de un millón de muestras en 2018). Sin embargo tiene las ventajosas características de estar construida a prueba de fallas, de tal forma que pudiera resistir cualquier catástrofe natural, a 150 metros de profundidad y en una isla en una latitud elevada, donde por sus temperaturas extremadamente bajas, las necesidades energéticas e conservación eran infinitamente menores que en cualquier otro lugar del mundo. O eso se creía.

En 2011, el centro ICARDA (International Center for Agricultural Research in Dry Areas), situado treinta km al sur de Alepo, duplicó el 87% de su colección, por la situación de guerra que vivía la zona para mandarlo a bancos cercanos y a Svalbard. El peligro no sólo eran las bombas, sino los posibles cortes de suministro eléctrico que provocarían un fallo en los sistemas de refrigeración.

Ilustración 2. Sala en uso, se aprecian cajas de material procedente de ICARDA

Los almacenes subterráneos tenían una temperatura constante de entre -3 y -6ºC del permafrost, el suficiente frío como para que no fuese excesivamente costoso bajar aún más la temperatura de la única sala de 256 m2 en uso (existen otras dos) hasta los -18ºC.

En su momento, se eligió bien el lugar, si tenemos en cuenta las temperaturas medias del lugar entre 1971 y el año 2000 que reflejaban sus estaciones meteorológicas según un estudio de 2017:

Ilustración 3. Ciclo estacional de temperatura (ºC) (medias para el período 1971-2000) para todas las estaciones meteorológicas de Svalbard. Fuente: Estudio de 2017.

Sin embargo, las proyecciones de los diferentes escenarios de cambio climático, vaticinan un incremento de la temperatura media anual de entre 3, 6 y 10 ºC en función de los diferentes escenarios de emisión* RCP2.6, RCP4.5 y RCP8.5, si se comparan las temperaturas del periodo 1971-2000 con las del periodo modelado, 2071-2100. Esto implica unas dos o tres veces más calentamiento que el estimado para el mundo entero en esos escenarios.

*Escenario de emisión: Representación plausible de la evolución futura de las emisiones de sustancias que podrían ser radiativamente activas (gases de efecto invernadero, aerosoles, etc.) basada en un conjunto coherente de supuestos sobre las fuerzas que las determinan (por ejemplo el desarrollo demográfico y socioeconómico o la evolución tecnológica) y las principales relaciones entre ellos. (AEMET)

Estos modelos, calculan temperaturas medias, pero no tiene capacidad para calcular el número de fenómenos extremos (olas de calor) que se producirán, ni su intensidad. También se producirán menos días por año donde nevará, provocando una reducción de la duración de la cobertura de nieve.

Ilustración 4. Entrada a la cúpula de Svalvard el pasado 1 de Agosto de 2020. Fuente: La Vanguardia.

Pues bien, el pasado 25 de Julio, se alcanzó una temperatura de 21,7 ºC. Esta temperatura dificulta enormemente el mantenimiento de las temperaturas en el interior de la instalación. Las filtraciones de agua del deshielo está alterando la integridad de la roca y las galerías ya comenzaron a inundar en 2016. No se sabe nada del estado actual del búnker pero se abre la pregunta a si realmente todo ese material está a salvo ahí.

Los seres humanos creemos que tenemos el control sobre todo, pero tenemos miedo de perder las cosas y construimos búnkeres de semillas como éste, para proteger nuestro de guerras nucleares, terremotos, etc. Pero, nunca es suficiente, y vemos que el cambio climático, un fenómeno subestimado por muchos, durante muchos años, finalmente está siendo el que pone en riesgo este material genético, no una bomba nuclear, no un terremoto, un fenómeno natural acelerado a niveles estratosféricos por el ser humano. Un fenómeno que causa que millones de personas mueran de hambre por las sequías; que causa que reaparezcan patógenos que se creían extinguidos al fundirse el mismo permafrost del que hemos hablado, un permafrost que además libera cantidades ingentes de metano a la atmósfera, aumentando aún más el efecto invernadero; un fenómeno que ahoga poco a poco a islas obligando a millones de personas a mudarse, etc.

¿Hasta cuándo algunos van a seguir negándolo? ¿Hasta cuándo vamos a procrastinar? En relación a la construcción de bunkers, ¿es mejor construir un búnker para resguardarnos de los bombardeos, o evitar la guerra? ¿De qué nos sirve guardar semillas cuando la falta de agua impide a la población cultivar? ¿Existe el riesgo de que grandes compañías tengan acceso a esas semillas? ¿Servirán de algo esas semillas en un escenario futuro con condiciones totalmente diferentes a las condiciones del momento en el que se almacenaron? ¿No sería más necesario invertir dinero en mejorar la resiliencia y la adaptación al cambio climático de toda nuestra biodiversidad? ¿Quizás se dieron cuenta de que llegaron a un punto de no retorno cuando lo construyeron?

Espero que os haya gustado y que os haga reflexionar.

Un saludo ciudadan@s

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