Supermercado cooperativo «La louve». Fuente: MARESMadrid

Los hipermercados, una idea surgida hace unos 50 años, son percibidos en aquel entonces como una forma de fomento del consumismo, control sobre los productores y pérdida del pequeño comercio. Hoy descubrimos qué alternativas o modelos de negocio surgieron y perduran en la actualidad.

Buenos días ciudadan@s,

El hipermercado es una idea de negocio que apareció en Francia en los años sesenta, pero no es hasta 1973 cuando en el Prat de Llobregat, se instala una superficie de 11.000 metros cuadrados con el nombre de “Hiper” (Grupo Carrefour). Hasta la fecha, estos establecimientos no han dejado de multiplicarse por el territorio español, disminuyendo la clientela de pequeños comercios de barrio. Casi la mitad de la comida que se vende en la Unión Europea, procede de sólo 10 cadenas de supermercados según el AGRIFOOD ATLAS de Amigos de la Tierra Europa.

Supermercado Caprabo (1959). Barcelona. Fuente: Ulabox.

Por aquellas fechas, algunas organizaciones ecologistas ya comenzaron a denunciar ésta pérdida del pequeño comercio de barrio, el fomento del consumismo y la capacidad de control que podrían ejercer sobre productores y consumidores. Esa desconfianza, junto con el inicio de la agricultura ecológica, que se fomentó a raíz de la publicación de “La primavera silenciosa” de Rachel Carson, propició que surgieran las primeras cooperativas de consumo ecológico y comercio justo.

En la actualidad, la gente se preocupa bastante por su alimentación y muchos intentan consumir productos más sostenibles y amigables con el medio ambiente. El problema es que mucha gente tiene la idea de que la alimentación ecológica y local es muy cara y además, existen pocas alternativas, salvo las que te ofrecen las grandes superficies para poder alimentarse de forma más sana y ecológica.

Podemos definir el supermercado cooperativista como aquel que da un servicio inclusivo de alimentación de calidad al mayor número de personas posible, sin ánimo de lucro y sobre todo, gestionado por sus cooperativistas. La elección de los productos de los supermercados cooperativistas se escuda en apoyar la economía local, de cercanía, fomentar que el consumidor sepa de dónde vienen los productos y en reducir el impacto medioambiental de los productos (menos pesticidas, etc.), acordando unos precios más justos para quien consume y para quien produce, sin intermediarios. Los precios son estables durante todo el año, ya que a principios de año se reúnen con los productores para estimar las cantidades que van a consumir y se fija un precio anual al que se les va a pagar, fijando además el precio se le va a cobrar el producto al consumidor. Lo que implica que la relación con el productor es totalmente diferente a la aplicada por las grandes superficies, es una relación de cooperación, no de competencia.

La forma de gestión, depende de la cooperativa, pero como he dicho antes, es un modelo de autogestión que disminuye los costes operativos del supermercado. La razón es que son los propios cooperativistas los que ofrecen sus servicios en el supermercado de forma voluntaria, pudiendo así ofrecer precios más asequibles en diferentes productos de calidad. Son ellos los que atienden en las cajas, los que preparan pedidos y reponen estanterías y se aseguran del suministro de todos los productos desde sus proveedores. Todos los beneficios de la venta de los productos se reinvierten en el funcionamiento del supermercado y las personas voluntarias, en casi todas las cooperativas consiguen un descuento en los productos.

Además son inclusivos, ya que cualquier persona adulta puede hacerse cooperativista del supermercado para poder comprar y participar de su funcionamiento, así como tomar las decisiones sobre la cooperativa. Un cooperativista, un voto. Los únicos requisitos son el aporte de un capital inicial para ser socio cooperativo o mensual (el capital no suele ser alto, en muchos de ellos con un aporte inicial de 100€) y participar, como hemos comentado antes, un número de horas al mes  en las tareas del supermercado. Aunque es cierto que en algunas cooperativas, sí que disponen de gente contratada para realizar todas estas tareas.

Para que veáis algún ejemplo de la actualidad, “La Louve”, surgió en París en 2016 y ya son casi 7000 cooperativistas, según su cuenta de twitter. Uno de sus fundadores, Tom Boothe, decidió filmar “Food Coop”, un documental que da a conocer la historia de un supermercado del barrio de Brooklyn (Park Slope Food Coop) que lleva funcionando también desde 1973.

Supermercado Park Slope Food Coop, en Brooklyn, Nueva York. Fuente: foodcoop.film

A continuación podemos ver imágenes extraídas de la web de FoodCoop, donde podemos ver a los socios ayudando en las tareas del supermercado.

En Madrid, ya desde 2014 comienza a haber una serie de movimientos y grupos de consumo gestionado que acaban dando lugar a LA OSA en 2019, principalmente a partir de reflexiones colectivas canalizadas a través de una Comunidad de Aprendizaje orientada a la Práctica (CAP). Estas cooperativas se están extendiendo en España a buen ritmo, la asociación Árbore en Vigo, BioLibere en Getafe, Supercoop en Lavapies (Madrid), Landare, en Iruñea (Pamplona), Labore en Bilbao, El Encinar en Granada, Som Alimentació en Valencia, Bio Alai en Vitoria, Biotremol en Alicante o La Ortiga, que el año pasado celebró sus 25 años operando en Sevilla.

También existen otras alternativas, como Farmidable, una plataforma de contacto directo con el productor, que envía tu compra a un centro de recogida dentro de las comunidades Farmidable. Tus alimentos son frescos, elaborados, recolectados y preparados para ti 24 horas antes del día de recogida. El lado malo es que de momento, sólo existe en Madrid.

Estas son las cooperativas que he podido encontrar a nivel estatal, espero que hayáis entendido el funcionamiento básico de una cooperativa, que os haya gustado el post y si tenéis alguna duda específica sobre cómo funcionan o cómo participar en alguno de estos proyectos, podéis escribir a cada cooperativa. Podéis encontrar su contacto en los links del artículo. Y si en vuestra ciudad no existe ningún supermercado cooperativo ¿Por qué no animarse a montar uno?

Un saludo ciudadano

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